JUNIO

San Juán

* FLORECE EL TEJO *

TEJO: Arbol siempre verde; sus hojas y semillas son venenosas y su madera, dura, se emplea en ebanistería.

En nuestra sierra, este árbol da nombre a la zona donde se puede encontrar "LAS TEJEDAS" a 1.700 m., de altitud, y al río Tajo, que los romanos llamaban Tagos.

Hace siglos, cuenta la leyenda, los albeitares (veterinarios, practicantes), hechiceros y curanderos atribuían a este árbol poderes especiales, como la prevención de accidentes.

Para conseguir este seguro de prevención de accidentes para todo el año, había que seguir una serie de pasos:

La noche de San Juan, entre el 23 y 24 de Junio, las gentes, con distintos símbolos religiosos (crucifijos, medallas, escapularios, imágenes, etc.), se colocaban al resguardo del Tejo y comenzaban las oraciones, guiadas por estos personajes que lo aconsejaban. Acudían personas de toda la sierra y de toda condición, y todos pedían protección contra distintos accidentes (laborales, sobrenaturales derivados de las brujas, etc.).

Esto sucedía a las 12 de la noche entre el 23 y 24 de Junio, cuando, según la leyenda, el Tejo a la luz de la luna florecía y granaba al mismo tiempo, ofreciendo a los que en él se refugiaban el seguro preventivo de accidentes para todo el año, pero no de enfermedad.

¿La leyenda tiene algo de verdad? Habría que probarlo.


* CURACIONES DE SAN JUAN Y SAN PEDRO *

Cuentan los más ancianos del lugar, un cuento sobre los poderes de curación de San Juan y San Pedro.
Cuando un niño sufría un herida o se quebraba, los padres, ante los pocos medios de la ciencia médica tradicional, recurrían a cualquier método, al igual que ocurre en la actualidad, para curar cualquier enfermedad.

A la salida del sol, el día 24 de Junio y después de haber hablado con un hombre del pueblo que se llamase Juan y con otro que se llamase Pedro, con sus ropas nuevas que sólo se ponían los días de las fiestas patronales, se reunián bajo un cerezo salvaje ( o guindo) y comenzaba el acto ceremonial. El niño accidentado se pasaba sobre los brazos, doce veces de Pedro a Juan con estas palabras: "tómalo Juan" "lo tomo, Pedro", y a continuación, mientras se rezaban distintas oraciones cristianas, se frotaba el cuerpo del niño con un rama del cerezo que previamente se había cortado del mismo.

Después de esta ceremonia, todos juntos se dirigían a la iglesia para escuchar la santa misa y dar gracias a los santos protectores.

Los hombres del pueblo que participaban en este acto ceremonial y casi milagroso no tenían ningún poder especial y lo realizaban.

Voluntariamente sin cobrar ni dinero ni especies. Se contentaban con ver al niño repuesto y con el agradecimiento de los padres y familiares. Generalmente, Juan y Pedro solían ser siempre los mismos, ya que éstos conocían la mecánica del acto.

Cuentan también que alguno de estos niños obtuvo esta curación milagrosa; pero la gente, para creerlo, generalmente necesita verlo o experimentarlo en la propia persona.